“No persigas, atrae. Lo que es para ti te busca, te encuentra y se queda contigo.”
Esta frase se ha convertido en un recordatorio constante en mi vida, sobre todo en esos momentos en los que siento que estoy forzando algo.
Durante muchos años viví desde el control sin darme cuenta.
Me preguntaba una y otra vez:
¿Por qué las cosas no salen como quiero?
¿Por qué el dinero se me va de las manos?
¿Por qué siempre estoy al límite?
¿Por qué esa persona que tanto quiero se va tan rápido?
¿Por qué, si tengo todo planificado, la vida cambia mis planes?
Vivía en un eterno “¿por qué?”, sintiéndome víctima de la vida.
Con el tiempo entendí algo importante:
no era mala suerte, ni castigo…
era mi necesidad de querer controlarlo todo.
En mi mente pisciana —donde todo es mágico, hermoso y lleno de finales felices— la realidad muchas veces no coincidía. Y ese choque me llevaba directo a la frustración, al negativismo y a la desilusión.
Pero no se trata de dejar de soñar.
Al contrario.
Los sueños son semillas. Son el inicio de todo lo que queremos crear.
La clave está en soñar… y confiar en lo que viene después.
Y sí, también hay que actuar. Tomar decisiones. Moverse. Crear.
Pero no desde la ansiedad o el control, sino desde la apertura.
Avanza con micropasos (no te desesperes, tente paciencia), haz pausas y vive desde la presencia.